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Estos cuentos nacen de mis vísceras, de mi dolor y de mi creatividad. Creo que mi cerebro encontró la manera de expresar mis necesidades y mis deseos a través de las palabras, de los símbolos, de las historias.

Cuando viv√≠a en Siria cada mujer me inspiraba. La observaba muy fijamente, escuchaba su tono de voz, segu√≠a sus movimientos, sus peque√Īos gestos que la convert√≠an en un ser √ļnico y en mi mente brotaba un cuento. Ocurr√≠a igual que la naturaleza nos ofrece un manantial en la monta√Īa. Puedes ver el agua salir de los recobecos de una roca o aparecer de la superficie de la tierra. De fondo hay aguas venidas de la lluvia, de la nieve que han recorrido caminos, se han filtrado, se han enfrentado a desaf√≠os y ah√≠ est√°.

Hoy te ofrezco este cuento, que pertenece a un libro que publicar√© en octubre de este a√Īo, si el universo lo permite.

LA VENDEDORA DE SUE√ĎOS

√Čsta es la historia de una vendedora de sue√Īos. Si te preguntas qu√© profesi√≥n es √©sta, cu√°nto se gana, te puedo responder con una sola palabra, FELICIDAD. Ser vendedora de ilusiones quiere decir vida, libertad, sonrisas, llantos, emociones‚Ķas√≠ viv√≠a yo mi existencia; un sue√Īo para un aburrido, una locura para un cuerdo, una esperanza para un desesperado. Alrededor de m√≠ crec√≠a una inmensa red de aliados al mundo de la fantas√≠a. Nada se perd√≠a. Si lo so√Īado se hac√≠a realidad, todos disfrut√°bamos y si, por el contrario, nunca ocurr√≠a, aquellos momentos de enso√Īaci√≥n quedaban ah√≠, en el ba√ļl de la irrealidad creada, que con el tiempo, siembra la duda de si realmente ocurri√≥ o no.

Yo era la peque√Īa vendedora de sue√Īos que d√≠a a d√≠a se enfrentaba al ocaso de seres l√≥bregos. Creaba sue√Īos de una mirada, de un roce, de un sonido que formaban parte de mi colecci√≥n de recursos. Un amanecer de primavera perd√≠ el saco donde guardaba las ilusiones. No me quedaba ninguna. Sal√≠ de casa y comenc√© a caminar por calles llenas de hombres y mujeres que se sent√≠an solos. Seres mon√≥tonos que se cruzaban con la mirada perdida en el suelo. Tierra llena de barro y piedras, asiento de numerosos ni√Īos con los ojos vac√≠os de fantas√≠a, de esperanza y de inocencia. La realidad se extend√≠a ante mi paso cruda y altiva, desafi√°ndome por haber intentado escapar de ella a trav√©s del alto vuelo de la imaginaci√≥n.

-Nadie escapa del castigo impuesto por Dios a los hombres al principio de la creación- bramaba la cruda realidad. Yo no conocía a ese Dios. El mío estaba lleno de amor y compasión, de justicia y sabiduría. Intentaba no escuchar. Cerré los ojos y forcé mi mente, nada…sólo oscuridad, me había quedado vacía de esperanza y no podía más que vender humo, datos o mentiras.

-Si yo no me siento llena de amor, ilusi√≥n y fe, ¬Ņqu√© voy a dar?. Si mi nevera est√° vac√≠a, ¬Ņa qui√©n voy a alimentar? Todo parec√≠a dar vueltas en mi cabeza. Preguntas sin contestar; qui√©n soy, a d√≥nde voy con esta herida‚ĶDe repente, una idea invadi√≥ mi mente, ¬°HUIR!. Huir hacia el exterior de mi interior vac√≠o. Cog√≠ el coche y comenc√© a conducir. Desde Damasco hasta Alepo y luego, qui√©n sabe, m√°s all√°. Me dirig√≠a en direcci√≥n al norte, hacia aquellas monta√Īas que delimitaban pueblos, mentes, seres humanos‚ĶMi mirada divagaba entre los √°rboles vencidos por el azote del viento, entre las bolsas de pl√°stico que sobrevolaban campos sembrados.

Abr√≠ la ventana del coche para dejar paso al olor que se enredaba en mi nariz provoc√°ndome un recuerdo apenas lejano. Ese recuerdo me llev√≥ a mi infancia. Pinos con sabor a limpio, limpio con perfume a inocencia. Las nubes eran cada vez m√°s espinosas y el paisaje empez√≥ a cambiar. Alrededor crec√≠an ruinas antiguas, quiz√°s romanas, llenas de verde musgo que parec√≠an acorralarme. All√≠, un poco mas arriba divis√© una monta√Īa madre que acunaba un peque√Īo pueblo entre sus brazos. Era parte de ella, construcciones emerg√≠an de sus entra√Īas. El mismo color, la misma forma. Me dej√© llevar por su llamada. Me atra√≠a sin que pudiera rechazarla.

Al llegar record√© que all√≠ viv√≠a un hombre al que conoc√≠ hace tiempo. Personaje al que vend√≠ la ilusi√≥n de haber renacido poetas muertos entre sus labios. Pregunt√© a la gente del pueblo. Un hombre vestido con una galabiya gris hasta los pies, rubio como la nieve, me condujo hasta su casa. Al entrar en aquel refugio rodeado de √°rboles sent√≠ una paz indescriptible. Siguiendo la tradici√≥n del arte isl√°mico, fuera sobriedad y dentro un vergel ex√≥tico y relajante. Apenas lo conoc√≠a pero su voz, su gesto y su mirada me hac√≠an sentirme tranquila. Me condujo a un cuarto en la segunda planta tras saludarme, para que descansara antes de la cena, sin apenas preguntarme nada. -¬°Ahlan wa Sahlan!- bienvenida, √©sa fue la √ļnica palabra. Supongo que su intuici√≥n bien desarrollada pudo ver la flecha que atravesaba mi coraz√≥n.

Habían pasado un par de horas cuando entré en el salón. Me di cuenta de que mis manos, se volvían a cruzar entre mis piernas, sin temblores, sin jugar con objetos, apaciblemente serenas. Poco a poco empezó a aparecer gente a la gran mesa del salón .Las hijas, su mujer que con tono alegre y melódico me saludaron y me dieron la bienvenida, gesto muy apreciado en la cultura árabe.

Los viernes, se reun√≠an algunos personajes ilustres del pueblo para hablar de libros, de arte, de m√ļsica. La mesa se empez√≥ a estirar como por arte de magia para dar cabida a suculentos platos. Tabbulleh, ensalada del mas verde perejil; humus, suave crema de garbanzos; patatas; palitos de zanahoria y pepino aderezados con lim√≥n; carne guisada; makd√ļs, berenjenas enanas rellenas de pimientos rojo, ajo y nueces. Mis gl√°ndulas salivares empezaron a segregar todo tipo de jugos, mientras mis ojos observaban a los otros comensales que hab√≠an ido apareciendo como por arte de magia.

De pronto alguien acarici√≥ un la√ļd. Una mujer cerr√≥ los ojos y su garganta emiti√≥ los sonidos m√°s tristes que nunca hab√≠a escuchado, palabra de separaci√≥n, de dolor, de luchas. El Arak y el vino dulz√≥n hecho a mano empez√≥ a regar nuestras gargantas que se iban sumando con palmas y zalgutas (el grito √°rabe) acompa√Īando al viejo la√ļd. Sin saber c√≥mo, me vi envuelta en un c√≠rculo sin espacio ni tiempo.

Las emociones sal√≠an del interior de aquellos cuerpos: puros, salvajes, sin miedo. La tristeza, la impotencia, la rabia, la alegr√≠a y el amor bailaban entre nosotros . Entonces sent√≠ que de mi interior emanaba una fuerza creativa, un fuego antes extinguido y empec√© a cantar. Todos me pidieron que expresara en mi idioma aquel poema, aquel dolor, aquella historia. Cerr√© los ojos y de mi coraz√≥n se liber√≥ todo lo que hab√≠a encerrado durante a√Īos a trav√©s del sonido y de una escala de menores. Lloraba con tanta fuerza que nadie entend√≠a si el quejido era palabra o la palabra quejido. Pocos conoc√≠an mi idioma pero en el alma no hay diferencias y, cuando abr√≠ los ojos, sus miradas me abrazaron.

Por la ma√Īana cog√≠ una pluma y una hoja en blanco y me entregu√© a ella garabateando mis pensamientos. De pronto, un cuento naci√≥. La vendedora de sue√Īos hab√≠a conseguido volver a llenar aquel saco de ilusi√≥n y de esperanza. Aprend√≠ que cuando inhalas sin haber soltado primero todo el aire, empiezas a ahogarte. Y lleg√≥ el oto√Īo, dejando caer la primera hoja.

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