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CUENTOS PARA NIÑAS Y NIÑOS

Dormir cuentos relajacin

De niña, según mi madre, me comía los cuentos literalmente.

Cuando me daban la paga del domingo bajaba al kiosko y con mi dedo señalaba uno de los tebeos que colgaban de la puerta lateral.

En cuando llegaba a casa me lo leía con los ojos, con la nariz (me encanta el olor de los libros), con las orejas (el sonido al pasar las páginas) y con la boca (mmm, el sabor del pegamento del lomo). 

El mundo no era un lugar agradable para mí, una niña sensible, empática…así que huía con mis cuentos.

Quién me iba a decir a mí que años más tarde me ayudarían a salir de mi crisis personal.