CUENTOS

PARA CONOCERTE MEJOR

ÉRASE UNA VEZ

Éstas eran las palabras mágicas para abrir la puerta de mi imaginación. De niña, según mi madre, me comía los cuentos, literalmente.

Cuando me daban la paga del domingo bajaba al kiosko y con mi dedo señalaba uno de los tebeos que colgaban de la puerta lateral.

En cuando llegaba a casa me lo leía con los ojos, con la nariz (me encanta el olor de los libros), con las orejas (el sonido al pasar las páginas) y con la boca (mmm, el sabor del pegamento del lomo). 

El mundo no era un lugar agradable para mí, una niña sensible, empática…así que huía con mis cuentos.

Quién me iba a decir a mí que años más tarde me ayudarían a salir de mi crisis personal.

 

Cuentos e historias

Nuestro cerebro entiende la vida como una sucesión de historias repletas de emociones. Según los últimos estudios, las emociones son un sistema de comunicación muy arcaico que nos ayuda a sobrevivir. Esto quiere decir que las historias cargadas de emociones nos facilitan la vida, nos enseñan habilidades, nos descubren puntos débiles y nos fortalecen.

Hay que tener en cuenta que esas historias no estén cargadas de preocupaciones y miedos irreales, ya que eso crearía el efecto contrario.

Muchas veces me encuentro con personas que se anticipan a lo peor o que recrean en su imaginación (con imágenes) un suceso traumático vivido. Esos hábitos que consideran “positivos” solo generan más estrés y el cuerpo reacciona como si fuera real.

Solo tienes que observar cómo sientes tu cuerpo después de haber visto una película de terror, estás entumecid@, el corazón alterad@…y solo era una película, pero el cerebro no lo sabe.

¿Qué es y para qué sirven los cuentos?

 

Un cuento es una narración, a menudo de ficción,  que puede transmitirse de forma oral o escrita. El cuento corto tiene como objetivo transmitir una idea o unos valores de forma rápida y concreta.

Los cuentos sirven también para entrenar nuestra creatividad, nuestra imaginación y que no nos perjudique.

A lo largo de nuestra vida nos vemos influíd@s por personas que nos rodean y que son importantes para nosotr@s. Estas personas han podido vivir situaciones límite que les han obligado a sobrevivir y a crear hábitos mentales limitantes. Si aprendemos de ellas y no lo actualizamos, seguiremos viviendo en su mundo, lleno de peligro, dolor y supervivencia. Un cuento puede servir para actualizar y mejorar esos hábitos.

Los cuentos son la mejor herramienta para educar a los niñ@s, ya que ellos se comunican mejor con emociones y además tienen su imaginación más desarrollada que su mente racional. Para ello es importante que no te fijes en el comportamiento, es decir, en lo que hace (desobedecer, patalear, gritar…). Lo importante es detectar dónde lo están aprendiendo y decidir qué tiene que aprender para crear una historia que le ayude a comprender. Castigarlo, poner la atención en lo negativo no le enseña nada nuevo, solo enfatiza lo que hace mal y le crea inseguridad ya que no tienen herramientas.

No quiere decir que sea la única manera de educar a los más pequeños, hay que combinarla con otras técnicas, pero será un buen comodín.

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¿Cómo escribir un cuento?

Empezaré diciéndote que además de haber estudiado filología, de haber dado clase de español para extranjeros en el Instituto Cervantes, de terminar un máster y leerme multitud de libros, escribo desde que era una niña.

Tengo muchísimos cuadernos de todos los colores y formas, llenos de ideas garabateadas, de experiencias, de sabores…Cuando era adolescente, si se colaba en mi mente un cuento, daba igual que fueran las dos de la mañana, o que estuviera en clase de filosofía escuchando a Don Laureano, la historia daba vueltas y vueltas en mi cabeza hasta que me levantaba a vomitarlo.

Con esto quiero decir que la destreza o la habilidad que alcances con la lengua, la gramática, la sintaxis y la estructura ,solo estarán al servicio de tu creatividad. Así que, contestando a la pregunta, empieza a escribir un cuento potenciando tu imaginación.

Cada uno se inspira en lo que le resuena con más fuerza, los libros, la historia de su familia, una experiencia de verano, las imágenes… en mi caso son las personas.

Cuando estudiaba en Madrid, tardaba cuarenta y cinco minutos en llegar desde mi colegio mayor a la universidad en metro. Me sentaba en uno de esos asientos de plástico duro del metro, o me quedaba de pie apoyada en la puerta fija y miraba a mi alrededor buscando mi musa. De pronto mi mirada se topaba con un jersey demasiado caro para un viaje en metro o en unas zapatillas impolutas en los pies de un chico con cresta, en ese momento saltaba la chispa. La creatividad se hacía dueña del momento y me susurraba: -seguro que este chico ha decidido que la única parte que debía ser sagrada eran sus pies, o, -esta chica era rica pero su padre se arruinó y perdió todo menos ese jersey, que es lo único que la ata a sus recuerdos.

La estructura de un cuento

La estructura de un cuento siempre presenta tres partes bien definidas.

En la parte principal o introducción se presenta la escena; el lugar, los personajes, el momento…Muchos escritores y muchas escritoras utilizan la introducción como el principio del acontecimiento que desarrollaran en el nudo, la segunda parte. Algun@s, como Edgar Allan Poe, pueden desvelar el final y desde ahí sorprendernos.

En el nudo o desarrollo que es cuando la historia comienza a ponerse interesante. Un giro inesperado se desvela, un conflicto aparece, la tensión surge y el narrador toma el control. Nos habla de decisiones, de impulsos, de instinto y de todo aquello que detone la acción y el movimiento del cuento.

En el desenlace o final, se elige un camino para resolver aquello que, anteriormente, se ha desatado. El escritor o la escritora decidirán si dejan el final abierto o cerrado, si le ponen un broche alegre o triste. Lo más importante para mí es que me sorprenda, me gusta ese sabor de boca para el final.

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